10/9/16

El temor de Dios: vital, esencial, necesario y urgente

Cualquier sociedad, para ser saludable, necesita el temor* de Dios. Los valores, cuando son relativos, no sirven de mucho. 
Por qué he de hacer eso o evitar lo otro? Y lo que es bueno para uno puede ser malo para otro. Así, la falta de convicción y unicidad debilita esa sociedad. 
Es cierto que la mayoría puede imponer criterios a una minoría, pero lo que no procede de una convicción es débil.
Podemos, por ejemplo, procurar inculcar el respeto a la mujer. Pero los medios, que por un lado procurarán adoptar eso, de otro lado también denigran a la mujer. No sólo exponiéndola sino difundiendo pensamientos y conceptos que la degradan. Allí están las canciones, especialmente las de cierto género musical. Están los chistes, está el Internet con la pornografía y los diversos "servicios".
Al lado contrario, quienes pretenden"solucionar" el problema procurando que las niñas sean cada vez menos femeninas y los varones menos masculinos. Pero nada de eso cambia lo que es realmente necesario. Porque no se trata de cambiar los roles o la personalidad, o de seguir confundiendo los géneros en una vasta gama. Se trata de complementariedad y amor.
Siempre que dejemos a Dios de lado, los valores serán relativos. No tendrán la fuerza necesaria para sustentar la conducta de la sociedad, ni para forjar una cultura permanente. Se desvanecen ante otra superior. Y esa cultura superior demostrará que posee valores firmes, convicciones. Ya lo dijo nuestro hermano Francis Schaeffer y también lo intuyó Toynbee, aunque sin relacionarlo con el reino de Dios. 
A veces las dictaduras pueden pretender o fingir que tienen valores firmes. Pero llega el momento en que su fuerza, que solo es aparente, cae deshecha bajo el juicio del fuego. Es decir, toda sociedad y toda cultura es puesta a prueba. Y aunque eso va produciendo una dialéctica histórica, al mismo tiempo nos enseña. 
Los que aprenden, temen a Dios. Estos son sabios. Y prevalecen. Su sociedad, su cultura, es fuerte. Eso es la verdadera Iglesia. 

*El temor de Dios es el respeto supremo y sublime, la reverencia y la sujeción, el amor que nos lleva a someternos con humildad y alegría a Él. 

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