Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Judas 1:3.
La felicidad y el disfrute de hecho son preciosas bendiciones. Y a mí me encanta disfrutar. Pero no debemos poner eso por encima de nuestra fidelidad al Señor, o de nuestros valores y principios.
Los animalitos que menciono son en este caso para dibujar en la imaginación la actitud de algunas personas ante las cosas difíciles de la vida: Dejarlas de lado a ver si pasan solas, y divertirse a más no poder a ver si así no les llega a afectar.
No es extraña la imagen del avestruz escondiendo la cabeza en el suelo, temerosa y "huyendo" de lo que sucede "arriba" en la realidad. Pero ni huye ni se esconde. La realidad la golpeará de todas maneras, a menos que ella haga algo u otra persona o circunstancia lo haga. Y la canción de los cerditos, "juguemos en el bosque mientras que el lobo está..." está bien para los pequeños, pero en nuestro caso, por más que nos divirtamos, el lobo estará haciendo destrozos si no lo enfrentamos.
No podemos cruzarnos de brazos. No podemos pasar por esta vida sólo disfrutando o ajenos a los problemas. Seremos juzgados por nuestras decisiones, y hay pecados de omisión. Nuestra responsabilidad es hacer el bien, ser luz en la tierra. Para eso estamos aquí.
Mi lengua se pegue a mi paladar,
Si de ti no me acordare;
Si no enalteciere a Jerusalén
Como preferente asunto de mi alegría.
Salmo 137:6
Sí, casi siempre puede resultar estresante. Pero es por eso que la Escritura afirma: "descansarán de sus obras". Entonces, habrá tiempo para descansar. Y las obras que nuestro Señor desea que realicemos, obras de fe y de bondad, y de defensa de los justo, no deben cesar.
Repose un momento. Revistámonos de fortaleza. Disfrutemos y riamos. Pero luego volvamos a la carga. Usted es soldado de Jesucristo y la Iglesia es su pueblo. La Jerusalén celestial es nuestra madre y debemos defenderla.
Repose un momento. Revistámonos de fortaleza. Disfrutemos y riamos. Pero luego volvamos a la carga. Usted es soldado de Jesucristo y la Iglesia es su pueblo. La Jerusalén celestial es nuestra madre y debemos defenderla.
Todo tiene su tiempo. Cuando es tiempo de pelear, pelee. Luego, nuestra alegría será más intensa y dulce, porque tendremos la satisfacción de haber luchado por fidelidad al que nos ama, como la alegría del que puede ver su obra concluida. ¡Disfrutemos! Sin dejar de pelear.
Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Nehemías 4:17
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